Cada vez que se habla de las siglas RFID, aparece con preocupación el tema de la privacidad. Los defensores de la privacidad están preocupados por si especialistas en marketing poco escrupulosos o incluso criminales pudieran determinar qué productos exactamente usted ha comprado como consumidor.
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Peligra nuestra privacidad con RFID?


Desde luego, los que estamos familiarizados con este tipo de tecnologías nos preguntamos qué compañía de marketing querría gastar su tiempo escaneando las bolsas de basura y grabando qué es lo que los consumidores han estado comprando, sólo para hacer campañas de marketing o telemarketing.

Los expertos en marketing tienen trabajo suficiente probando el ratio de conversion de cada campaña de marketing convencional, y suena a una inversión demasiado grande el hecho de usar las etiquetas RFID como una fuente de datos para la creación de bases de datos útiles.

Hablando de inversiones: un criminal necesitaría unos 2000 euros promedio para obtener un lector RFID móvil para ser capaz de escanear bolsas de basura. Y debería robar un buen lote de pantalones y ropa interior para obtener alguna clase de beneficio económico.

Si hablamos en serio, la privacidad podría ser una preocupación legítima en el futuro, si TODOS los productos llevaran etiquetas RFID, incluyendo laptops, smartphones y reproductores de discos Blu-ray. Las etiquetas RFID no pueden ser “apagadas”, pero no son indestructibles ni mucho menos . Una vez que su antena es cortada o torcida, estas no pueden emitir señales nunca mas.

RFID no es magia


Otro factor que nunca ha sido discutido lo suficiente en los artículos que tocan los pros y los contras de la tecnología RFID es la física misma de la teconología. Muchas personas tienden a comparar un lector portátil RFID a una especie de varita mágica que simplemente pueden ondear en un cuarto cerrado y obtener inmediatamente la información de absolutamente TODO lo que está allí, lo cual parece ser la respuesta a todas las oraciones de los encargados del control de inventarios y de los responsables de los puntos de venta.

En efecto, uno de los ejecutivos a cargo de Wal-Mart en la costa Oeste de los Estados Unidos dice: “Esta habilidad de mover la varita mágica y tener una noción de todos los productos que están en el piso de un almacén determinado en segundos es algo que realmente podría transformar nuestros negocios para siempre”.

Pero la realidad es que las etiquetas RFID usan ondas de radio, no magia, para enviar esas señales que son recogidas e interpretadas por los lectores RFID. Las ondas de radio no se transmiten bien a través de metales o líquidos. De hecho, ninguna de las etiquetas RFID que hemos visto en funcionamiento están puestas directamente sobre superficies de metal. Para que funcionen correctamente, hay que colocar una superficie de resonancia de alguna clase que favorezca la propagación de las ondas y no las interrumpa. Hemos escuchado rumores acerca de un nuevo tipo de etiqueta RFID que no sería afectada por el metal, pero aún no se ha visto en acción públicamente. Pero incluso estas etiquetas, de ser producidas a escala comercial, no resolverían el problema con los líquidos.

Las bebidas, los productos químicos, las pinturas y todos los productos líquidos emitirán una señal realmente defectuosa desde sus etiquetas, si es que son legibles por los lectores.

Los defensores de este tipo de sistemas ven al futuro e imaginan un panorama similar al de la nave espacial Enterprise, y no sería la primera tecnología inspirada en esta serie.

“Vamos a ver facturación y pagos sin contacto alguno a través de teléfonos móviles o fijos, y vamos a ver nuevas maneras de interactuar, tales como encontrar lo que sea que estemos buscando en otras tallas y colores disponibles como si estuviéramos en un vestuario”, dice Bill Hardgrave, cabeza del Centro de Investigaciones RFID de la Universidad de Arkansas, el cual fue fundado en parte por Wal-Mart.

Y continúa: “Es entonces que la magia sucederá. Pero todavía estamos algunos años lejos de eso”.

Ahí está esa palabrita de nuevo: “magia”. No podemos ser completamente escépticos: la mismísima tecnología RFID que empleamos hoy día hubiera parecido reservada al mundo de la ciencia ficción tan solo unas décadas atrás. La experiencia de compra ha cambiado dramáticamente en los últimos 15 años, y es posible que desde aquellos tiempos en que los códigos de producto se introducían a mano, o los primeros lectores de códigos de barras (que tomaban a veces mas tiempo en leer un código que el tiempo que una persona podría tardar en introducir manualmente el precio del producto) pasando por nuestras actuales experiencias con tecnología RFID y medios de pago mediante teléfonos móviles lleguemos hasta el momento en que la experiencia de compra sea sin contacto alguno y totalmente inalámbrica.

Pero como admite el señor Hardgrave, es posible que ese panorama esté aún muchos años adelante en el tiempo.